Cómo la natación cambia tu cerebro y te hace mentalmente más saludable

Todos sabemos lo relajante que puede ser un buen baño. Permite que fluya más oxígeno a los músculos y lo obliga a regular su respiración. La natación también es una excelente manera de reducir el estrés. Nadar bajo el agua es como estar en otro mundo. El agua distorsiona el cielo de arriba, proyectando el reflejo del sol en un patrón casi etéreo en el fondo de la piscina. No es de extrañar que la natación pueda colocarte en un espacio mental ideal.

¿Cómo reacciona el cerebro mientras nada?

La natación es un ejercicio meditativo. Su función cerebral mejora a través de un proceso conocido como neurogénesis del hipocampo, donde su cerebro reemplaza las células perdidas como resultado del estrés. Cuando golpeas el agua, tu estado de ánimo se levanta inmediatamente de la frescura del agua, dejándote libre de cansancio y depresión.

Un estudio reciente realizado por el Dr. Howard Carter de la Universidad de Australia Occidental, School of Sport Science, muestra cómo reacciona el cerebro durante la natación. El equipo de científicos, liderado por Carter, planteó la hipótesis de que la inmersión en agua al nivel de la aurícula derecha en el corazón aumentaría el suministro de sangre dentro del cerebro. La aurícula derecha se encuentra en el lado superior derecho del corazón y es una de las cuatro cavidades huecas del corazón. La aurícula derecha recibe sangre de dos venas grandes: la vena cava superior y la vena cava inferior. El trabajo de ambas venas es devolver la sangre que ha proporcionado oxígeno a varios sitios del cuerpo; la sangre que regresa, entonces, es baja en oxígeno. El seno coronario, que es una vena más pequeña en la pared del corazón, también drena sangre hacia la aurícula derecha.

“Descubrimos que el flujo sanguíneo cerebral es mayor cuando los sujetos se sumergen en agua hasta el nivel del corazón en comparación con la tierra, lo que prepara el terreno para una mayor investigación de sus efectos sobre la salud cerebrovascular”, dijo el Dr. Howard Carter en The American Revista de fisiología.

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